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Una sensación cosquilleante electriza tus sentidos y llena tu mente con imágenes de acontecimientos que tuvieron lugar en este templo hace miles de años. Tan fuertes son los residuos psíquicos que aquí persisten que las imágenes aparecen sorprendentemente vivaces.
Durante la Edad de los Antiguos Reinos, cuando gobernaban el país los Ancianos Magos, este templo era un lugar de instrucción y de experimentación. Aquí desarrollaron sus conocimientos y su entendimiento de la naturaleza y lograron para Magnamund muchos descubrimientos beneficiosos. Los guardianes de este laboratorio eran una raza de Drodarines llamados los Patares. Sirvieron a los Ancianos Magos y a cambio éstos les confiaron los secretos recién hallados de las hierbas medicinales y de la ciencia druídica. Pero los Patares violaron esa confianza cuando permitieron entrar en el templo, para apoderarse de sus secretos, a los Cenereses, un clan de malignos druidas. Los Cenereses llamaron a su Señor de los Demonios, que apareció en esta misma estancia. Se adueñó de todo lo que los Ancianos Magos habían criado y conservado y lo aprovechó contra ellos bajo la forma de una peste mortal que diezmó su raza. Tras su destrucción, Cenereses y Patares se alzaron con el poder, pero su reino fue efímero. Un clan de druidas benignos, denominados los Herbarios, que había ayudado a los Ancianos Magos supervivientes a escapar de sus enemigos durante los años de la Gran Peste, libraron guerra contra los Cenereses y se hicieron con la victoria.
Los Patares huyeron abatidos del templo y prometieron solemnemente a los Herbarios que redimirían su acto de traición con su dedicación al cultivo de las artes curativas y a la lucha contra las enfermedades en todas sus formas. Desde entonces se conoció como Redentores a los descendientes de los Patares y cada nueva generación ha repetido su antigua promesa.
Pero aún no ha llegado el final de esta historia, puesto que en este templo olvidado eres ahora testigo de una aterradora repetición de la historia. Roark y los suyos son Druidas Cenereses y una vez más han llegado hasta aquí para invocar la ayuda de su amo, Tagazin, el Señor de los Demonios.
