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Llegas a Pirsi poco después del ocaso. La niebla se arremolina en las sombrías calles y en las tortuosas callejuelas, pero en unas cuantas cabañas distingues la luz que se filtra por las grietas de puertas y postigos. Detienes el caballo y desmontas junto a una enorme construcción de troncos que sirve al tiempo de abacería y taberna. Tu corcel relincha inquieto, llamándote la atención hacia un grupo de hombres de pétreos rostros que avanzan por la calle. Portan en sus callosas manos antorchas que arrojan un vivo resplandor amarillo sobre sus ojos suspicaces mientras se acercan cautelosos. Su jefe, que viste uniforme de capitán de Rastreadores eruanos, se para a escasos centímetros de tu cara. Te mira fríamente a los ojos, contrayendo la mandíbula en un gesto de desdén.
-¿Se te ha olvidado saludar, soldado? -gruñe, amenazador-. ¿O es que no eres un Rastreador? Tal vez seas otro espía Drakkar al acecho.
Reparas en que varios de los hombres llevan pistolas de Bor, armas primitivas, pero mortales, sobre todo a tan corta distancia. Si quieres salvar la piel, mejor será que saludes inmediatamente al capitán.
Si optas por saludarle llevándote la mano a la frente, pasa al 193.
Si prefieres saludarle alzando la mano, con la palma hacia afuera, pasa al 60.
Si decides saludar con la mano en el pecho, pasa al 7.
