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Cuando los Guardias de Palacio avanzan majestuosamente sus apretadas filas de corazas cambian poco a poco de formación, disponiéndose a la orden de ataque del Príncipe. Se alzan pesadas lanzas como las púas de un puercoespín de acero y se despliegan al viento sus pabellones rojo y gualda. Una oleada de flechas llega volando hacia ti, enviada por los Drakkarim, que aguardan tras su barrera de estacas. Pero aún están lejos y las negras saetas caen inofensivas ante las corazas y los escudos eruanos.
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La primera fila de jinetes llega a la zanja y advierte que la tierra está blanda y empapada de agua. El templo en ruinas se halla a unos 300 metros por delante y en medio forma una línea de piqueros Drakkarim ominosamente silenciosos en la ladera de la colina. Resuena una trompa de guerra y de repente se desata el infierno. Parten flechas de todos lados: de los arqueros enemigos a la derecha y de otros, invisibles, que acechaban entre los árboles de la izquierda. Muchas saetas penetran por los flancos de los cascos y atraviesan las bruñidas corazas. Pero el Príncipe ordena a sus hombres seguir adelante y ellos fuerzan a sus cabalgaduras a salvar la zanja, desafiando la granizada mortal. Sobrevives a las flechas y conduces a tu corcel sobre el pegajoso fango, pero eres derribado de la silla por un caballo sin jinete, desbocado por el dolor de sus heridas.
Elige un número de la Tabla de la Suerte. Si posees las Disciplinas del Magnakai de Control Animal y de Arte de Cazar, suma 3 al número que hayas escogido.
Si tu total se halla ahora comprendido entre 0 y 4, pasa al 236.
Si es 5 o más, pasa al 183.

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