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El empleo de tu destreza del Magnakai te permite intensificar la visión. Las lejanas ruinas se agrandan y precisan y puedes distinguir a una figura acurrucada en la parte más alta del muro destrozado del templo; es un guerrero de plateada cota de malla y dorado casco puntiagudo. Alza una sencilla vara de hierro y de su punta brota otro rayo blanquiazulado que alcanza a los piqueros con una exactitud mortal. Resuenan sus gritos y los supervivientes se dispersan presa del pánico para escapar al destino que han sufrido sus camaradas. Rápidamente informas al Príncipe de lo que has visto en el templo.
