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Huyes sin pausa entre las sombras de los pinos hasta que dejas de oír los gritos de tus perseguidores. La oscuridad es muy densa, pero, guiado por tus sentidos del Kai y de vez en cuando por los rayos de la luna que se filtran entre los árboles, puedes proseguir tu evasión hacia el este. Te detienes junto a un arroyo para lavar tu cara en sus frías aguas y reflexionas sobre la amarga ironía de tu situación: las gentes en cuya ayuda confiabas te persiguen ahora como si fueras enemigo suyo. Es un lance terrible, pero no permites que se debilite tu resolución de llegar a Torgar y recobrar las robadas Piedras de la Ciencia.
Poco a poco, lo que empezó siendo una sospecha se trueca en acuciante certeza: eres espiado. Tus sentidos detectan una presencia maligna que acecha en los árboles que te rodean; decides aplazar tu descanso y continuar la marcha hasta el amanecer. Cansado y hambriento tras tu ordalía, tienes ahora que consumir una Comida o perder 3 puntos de RESISTENCIA.
