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Has salvado veinte metros cuando una lluvia de pedruscos comienza a caer en torno de ti. De repente sientes estallar de dolor tu cabeza y el sabor de la sangre en tu boca. Caes pesadamente, pero ya no experimentas dolor alguno porque tienes roto el cuello y sólo unos segundos te separan de la muerte.
Tu vida y tu búsqueda concluyen aquí.
