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El retumbar de cascos te advierte de la llegada de más guerrilleros montados. Desvías tu caballo y desciendes al galope por un tortuoso sendero. Comienzas a dejar atrás a tus perseguidores cuando de repente tu corcel pisa en falso y te lanza por las orejas hacia el espeso follaje. La densa maleza aminora el efecto de la caída y sales ileso. Pero tu caballo ha sufrido una grave lesión. Introdujo una de sus patas delanteras en un hoyo profundo y se la ha roto. El pobre animal no puede proseguir. Ya están a la vista los guerrilleros al galope y te ves forzado a abandonar tu lisiada montura y escapar a pie entre los árboles. Mientras resuenan en tus oídos los gritos airados de los guerrilleros, maldices tu mala suerte y te internas más profundamente en el sombrío bosque.
