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Surge un relámpago cuando tu arma alcanza el eslabón y separa el amuleto de la cadena. El Señor de los Demonios aúlla y retrocede como herido por el golpe y le arrebatas el amuleto antes de que reaccione. El hierro está frío más allá de toda ponderación; entumece tu mano y atraviesa tu brazo un dolor palpitante. Pese a lo que experimentas, sabes que no debes soltarlo, porque constituye la clave de la existencia del Señor de los Demonios en este templo.
Roark alza su amuleto y profiere una maldición. De repente, el frío que llena de dolor tu brazo penetra en tu pecho y te atraviesa el corazón. A menos que poseas la Disciplina del Magnakai de Concentración, pierdes 3 puntos de RESISTENCIA.
Si sobrevives al ataque, pasa al 188.
