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En silencio, desmontas y te acercas a la calcinada puerta de la torre. A través de las grietas de las maderas ves a un hombre acurrucado junto a un fuego mortecino; asa un ave atravesada por la punta de su daga. Viste prendas de cuero flexible teñidas de escarlata. De su cinturón cuelga un látigo de varias colas lastradas con bolitas de cobre.
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-¡Ven aquí! -dice de repente, sin alzar los ojos del fuego de carbón vegetal-. El ave tiene carne bastante para los dos.
Si deseas aceptar la oferta del desconocido, pasa al 129.
Si decides montar en tu caballo y alejarte a toda prisa, pasa al 75.

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