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Un griterío se alza de las almenas cuando los defensores ven aparecer a Adamas. Una nube de pedruscos desciende a recibirle. Con agilidad gatuna se desvía hacia izquierda y derecha, esquivando las piedras que chocan con el suelo entre un terrible estruendo. Llega a la puerta, se despoja de la bolsa que llevaba al hombro y pone en marcha el cristal explosivo. Automáticamente comienzas a contar los segundos mientras regresa a la carrera, sorteando cascotes y cadáveres. Dos... tres... cuatro... Entonces tu corazón se encoge cuando le ves desplomarse en el suelo tras haber sido alcanzado por un pedrusco.
Si deseas acercarte corriendo y tratar de rescatarle, pasa al 138.
Si prefieres seguir en donde estás y observar lo que le sucede, pasa al 207.
