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Cuando cae a tus pies el último de esos terribles perros, envainas tu arma y observas el calvero. El oso ya no está allí; desapareció durante tu terrible lucha contra los Akataces.
El dolor de tus heridas te hace flaquear y aprietas los dientes mientras te apresuras por el bosque. Has recorrido menos de cien metros cuando un triste aullido te llega a través de los árboles. Al principio crees que es simplemente obra de tu imaginación, presa de la fatiga y del dolor de las heridas. Pero cuando lo oyes por segunda vez, comprendes que los perros formaban parte de una jauría más grande de Akataces y que el resto acaba de descubrir los cadáveres.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Sentido de Orientación y has alcanzado el grado de Mentor, pasa al 161.
Si no tienes esa destreza o aún no has llegado a ese nivel de adiestramiento del Magnakai, pasa al 3.
