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Al cabo de varios minutos de manipulación, la cerradura emite por fin un clic y la puerta se abre a un corredor flanqueado de antorchas. A mitad de camino ves otra puerta en la pared de la izquierda, una sólida plancha de hierro en la que sólo hay un ventanuco enrejado. Te acercas en silencio y atisbas por la rejilla.
Si en una aventura anterior de Lobo Solitario visitaste el Danarg, pasa al 260.
En caso contrario, pasa al 114.
