Las Mazmorras de Torgar

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Allá arriba, acurrucados en sus escondrijos del borde de la garganta, una compañía de guerrilleros te ve sucumbir al aroma de las flores. Cuando están seguros de que te hallas inconsciente, su sargento abandona su posición y desciende por una cuerda, nariz y boca cubiertas por un emplasto de hojas de Golta para contrarrestar el aroma tóxico. Pretendía subirte al caballo y sacarte de la garganta hasta donde el aire de las montañas te reavivara. Pero al llegar junto a ti, suscitas sus sospechas. El anillo y el uniforme que vistes indican que eres un Rastreador con un mensaje del Príncipe Graygor, mas las armas que portas, tus cabellos rubios y tus rasgos de septentrional no son los de un soldado eruano de élite. Te vuelve boca abajo y queda horrorizado al descubrir sujeto a tu mochila el Látigo de Halgar, cuyas bolitas de cobre se hallan manchadas con su sangre. Sabe que Halgar jamás hubiera consentido en separarse de tal arma, porque con ella se hacía res petar en el combate tanto como su hermano, Sebb Jarel. La visión del Látigo suscita un acceso de rabia en el sargento. Está convencido de que eres un Drakkar, un asesino enviado por el Barón Shinzar para matar a los hermanos Jarel. Lanza un grito feroz, desenvaina su espada y te asesta un golpe mortal que te condena a un sueño eterno.

Tu vida y tu búsqueda concluyen aquí.

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