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-¡Vaya! -dice el sargento con acento acusador-. Justo lo que pensé. Este látigo es de Halgar. No hay otro igual. Y apuesto cualquier cosa a que no lo entregaría de buena gana.
Al oír esto los demás guerrilleros echan mano de sus espadas y adviertes en sus ojos un inconfundible brillo asesino. Comienzas a explicarte, pero se niegan a escuchar. Desenvainan sus armas y empiezan a rodearte.
Si deseas sustraerte al combate, pasa al 39.
Si prefieres hacerles frente y pelear, pasa al 118.
