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-¡Naog daka! -brama en el corredor una voz a tus espaldas.
Giras en redondo y ves a dos guerreros Drakkarim, ambos armados con ballestas aprestadas con flechas. Lentamente dejas caer tu mano hacia el arma, pero tu movimiento no pasa inadvertido. De repente, un estallido de dolor llena tu cabeza y la oscuridad vela tu visión cuando te ves lanzado contra la puerta por la fuerza de la saeta que ha penetrado en tu cráneo. La muerte es instantánea.
Tu vida y tu búsqueda concluyen aquí.
