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Sus patas lampiñas concluyen en largas y curvas garras. Con aterradora facilidad abre de golpe la puerta de piedra, que se hace pedazos al estrellarse contra el muro del templo.
-¡Ríndete, mortal! -te ordena, brillando en sus ojos un fuego sobrenatural-. ¡Y te libraré de las agonías de la muerte!
Si posees la Sommerswerd, pasa al 286.
Si no posees ese Objeto Especial, pasa al 333.
