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-No puedo enviarle -dice incómodo el Príncipe-. Se le necesita en cierto sitio. Hemos de enviar a otro para conseguir la información que precisamos.
El Rey parece molesto, pero, antes que discutir con su aliado la víspera de la batalla, envía a uno de sus batidores montados. El Príncipe suspira aliviado antes de ordenarte que vuelvas a su cuartel general.
