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Los Caballeros de la Muerte cruzan junto a vuestro escondrijo y abandonan a la carrera la cámara. Paido suspira aliviado mientras el sonido de sus pesadas botas queda pronto ahogado por el estrépito de la campana de alarma. Pero no abandonáis vuestro refugio hasta tener la seguridad de estar solos. Y entonces os acercáis a la puerta de hojas triangulares.
