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Recurriendo a tus destrezas del Kai, te fundes con las sombras y permaneces absolutamente quieto. Aparece el Caballero de la Muerte, llenando el arco con toda su corpulencia. Recoge el venablo con su manopla de hierro, se vuelve y abandona la zanja, gruñendo y maldiciendo de su descuido mientras pugna por subir, agobiado por el peso de su armadura.
Aguardas unos veinte minutos antes de abandonar tu escondrijo y seguir zanja adelante.
