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Reconoces los rasgos pálidos y cubiertos de cicatrices de Roark, señor de la ciudad salonesa de Amory. Ha envejecido mucho desde que le viste por última vez: sus negrísimos cabellos tienen ahora canas y anda encorvado como bajo el peso de una enorme carga. Pero sus ojos siguen siendo tan fríos y crueles como cuando hace cuatro años trató de matarte.
