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-¡Deja tu arma, mortal, pues tengo poder suficiente para pulverizarte en átomos invisibles!
La reptiloide alza su mano palmeada y de la oscuridad de una docena de arcos asoman relucientes tubos de cristal, cada uno cargado con un haz de terrible energía y apuntando hacia ti.
-¡Dime a qué viniste antes de que se agote mi paciencia! -grita.
De mala gana envainas tu arma y obedeces su orden.
