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Protegiéndose los ojos del sol, Banedon escruta el horizonte. Al cabo de unos minutos menea la cabeza.
-No se ve sendero ni carretera, ni siquiera rastro de seres vivientes. Para lograr una vista mejor necesitamos subir, pero como no hay árboles ni colinas, tendré que improvisar.
Y dicho esto, murmura las runas de un sortilegio de su hermandad. Se alza lentamente de su silla hasta detenerse en el aire a unos seis metros por encima de tu cabeza. Luego,tras haber observado el terreno circundante, desciende poco a poco a medida que se extinguen los efectos de la levitación.
-Hay un río en el horizonte -dice, deslizando sus pies en los estribos-. Probablemente es el Churdas. Hacia la derecha, a unos ocho kilómetros, existe una aldea junto a la orilla.
Si deseas cabalgar hacia el río, pasa al 40.
Si prefieres desviarte hacia la derecha y cabalgar hacia la aldea, pasa al 111.
Si optas por dar la vuelta y volver hasta la bifurcación, pasa al 222.
