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Aprovechando el gentío, te escabulles de la zona que rodea el edificio del Senado y penetras en un laberinto de pasadizos que acaban en lo que se conoce como el Barrio de los Ladrones. Sin embargo, tu huida no ha pasado del todo inadvertida. Desde una torre del Anarium un oficial ha observado tu fuga a través de un catalejo y ahora envía tras de ti a unos cuantos de sus mejores hombres.
En la esquina de una oscura callejuela, y a través de la desgastada puerta de una cervecería, oyes la risa de un borracho. Te vuelves, mas el resonar de botas a lo largo del pasadizo que tienes a tu espalda te obliga a cambiar de idea. Bajas rápidamente los escalones y te refugias en la miserable taberna.
