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En el momento mismo de su muerte, la vibrante red de energía que envuelve el cuerpo del Zajan estalla con un brillo escarlata, tan intenso que has de apartar la mirada por temor a quedarte ciego. La luz desaparece después, dejando un montón de brasas que se deshacen y pulverizan ruidosamente hasta que todo lo que queda del Zajan y de la Esfera de la Muerte es una mancha negra en la tierra en donde cayó.
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Espoleados por tu victoria, los defensores anarianos se reagrupan y contraatacan para asegurarse en la puerta de poniente. Los vassagonianos que habían penetrado son muertos o se ven obligados a retirarse al foso cuando la puerta es recobrada. De las murallas llegan vítores que se transforman en un canto, portador de la noticia de la muerte de Kimah a los enemigos situados más allá del foso. Poco a poco las legiones que avanzaban detienen su marcha al extinguirse su esperanza de una victoria fácil. Los oficiales cabalgan de un lado para otro, maldiciendo y amenazando a sus hombres con los más diversos castigos. Pero su moral se ha visto puesta a prueba; las filas de guerreros cubiertos de hierro permanecen inmóviles y silenciosas, negándose a avanzar. Se oyen lejanas trompetas y todos los ojos se vuelven hacia el sur para contemplar oleada tras oleada de jinetes que descienden de las colinas en torno de Varta. Pero acuden de todos los valles y puertos y vienen a ocupar las llanuras meridionales con regimientos montados, resplandecientes en sus uniformes de azul, blanco y gris.
-Nuestras oraciones han sido escuchadas -dice Chiban cuando Banedon y él se reúnen contigo en la muralla-. Mirad, los aliados de Anari acuden para ayudarnos en nuestra peor hora.
Señala a la caballería que avanza y reconoces, ondeando en sus lanzas, los gallardetes de tres países: Firalond, Lourden y Kakush. Luego, el trueno de los cascos de sus caballos llena el aire y una ola de alegría penetra tu cuerpo cuando ves cómo su primera carga devasta las filas de los enemigos, arrojándolos al caos y la confusión. Se desarrolla después una gran batalla cuando los adversarios se reagrupan lentamente para resistir este inesperado asalto. Dos de sus ejércitos quedan destrozados y el tercero libra una acción desesperada de retaguardia para cubrir una caótica retirada hacia el oeste.
Al fin concluye la lucha en torno de la ciudad y los defensores proclaman su júbilo por haber salvado a su tierra de las hordas de Gnaag, Señor de la Oscuridad. El senador Zilaris te designa «salvador de Tahou»,35 y las ovaciones de los ciudadanos resuenan a través de las calles calcinadas y en la llanura sembrada de enemigos muertos. Contemplas este hosco panorama y se te hiela la sangre en las venas. Pero no es la visión de tal carnicería la que te amedrenta sino la conciencia cada vez más aguda de un poderoso mal que está cobrando forma por encima de la puerta de poniente. En el cielo ha surgido una enorme nube negra y de tal nube procede una voz áspera y terrible.
-Seré vengado -truena, y sus ecos hacen temblar los baluartes en que te hallas.
Te dispones para lo peor, esperando a medias que un rayo surja de la nube y se lance contra ti, pero no se materializa semejante ataque. Por el contrario, la gélida voz prosigue burlona:
-Sábelo bien; pagarás tu audacia con la vida. Yo, Gnaag de Mozgôar, tengo las tres restantes Piedras de la Ciencia que buscas y las destruiré cuando te destruya, Señor del Kai.
Un golpe de viento alcanza la nube, que desaparece con rapidez. Pero deja tras de sí un miedo estremecedor que penetra en tu corazón, porque sientes que aquellas palabras no eran una vana amenaza, que la terrible voz de Gnaag, Señor de la Oscuridad, ha dicho la verdad.
Has triunfado en tu búsqueda, porque la sabiduría y la fortaleza de la Piedra de la Ciencia de Tahou son ahora parte de tu cuerpo y de tu espíritu y tu victoria sobre Zajan Kimah ha decidido el desenlace de la guerra contra los ejércitos de los Señores de la Oscuridad. Mas la terrible noticia de que éstos poseen las restantes Piedras de la Ciencia de Nyxator anuncia el comienzo de un nuevo y peligrosísimo episodio de la búsqueda del Magnakai.
Si posees el valor de un verdadero Maestro del Kai, te aguarda el reto de recobrar las últimas Piedras de la Ciencia de las garras de tu peor enemigo, a partir del Libro 10 de la serie de Lobo Solitario titulado:

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