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Tu flecha silba en la oscura callejuela y segundos después oyes cómo se estrella contra un muro. Mientras el ruido de las veloces pisadas del Giak se extingue a lo lejos, maldices tu suerte porque estás seguro de que te ha reconocido. Cuando se reintegre a su unidad y les cuente lo sucedido aquí, es probable que regresen con todo un ejército. Prudentemente, decides marcharte; tornas a montar en tu caballo y te alejas por el camino que sale de la aldea.
