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-Sé en dónde está tu amigo -revela con acento de desesperación en su voz- y sé en dónde guardan vuestro equipo. Suéltame y te lo contaré.
De mala gana abres las esposas que sujetaban sus muñecas.
-Mil gracias -declara, frotándose los doloridos brazos-. Me llamo Sogh, maestro de los ladrones de Suentina, a tu servicio.
Te indica que le sigas por una puerta cerrada que hay a tu espalda, cerca de la que estaba abierta y por la que entraste.
-Esta es la segunda vez que me invitan a permanecer en este alojamiento -murmura mientras hurga en la cerradura con un alambre que ha sacado de la manga de su chaqueta de cuero-. Como decidí abreviar mi última visita, resolvieron que esta vez sería mejor tenerme encadenado.
Percibes un leve clic y Sogh sonríe con orgullo mientras extrae el alambre de la cerradura.
-¡Facilísimo! -comenta mientras abre la puerta.
Al otro lado hay dos fornidos guardianes; uno lleva un cuenco de comida y el otro empuña una enorme llave de hierro.
-Hum..., ya me pareció que se abría demasiado pronto -masculla Sogh al tiempo que retrocede ante los guardias. Estos se adelantan, dejan caer lo que llevaban y desenvainan sus espadas. Están resueltos a impedir la fuga.
Guardias de la puerta: DESTREZA EN EL COMBATE 20 RESISTENCIA 26
Tienes que restar durante toda la pelea 4 puntos de tu DESTREZA EN EL COMBATE, puesto que no posees arma alguna. Luchas solo. Sogh se oculta tras de ti, empleando tu cuerpo como escudo.
Si ganas el combate, pasa al 259.

