El Caldero del Miedo

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-Busca otro lugar en donde sentarte, forastero; este sitio es mío -declara, aferrando con su mano libre la empuñadura de su daga.

Percibes movimiento en la calle y miras nervioso hacia la puerta de la taberna.

-En pie -gruñe impaciente el hombre mientras desenvaina lentamente la daga-. ¡Si te atreves a enfrentarte con Sogh de Suentina no vivirás lo suficiente para lamentarlo!

En aquel instante la puerta se abre de golpe y penetran apresuradamente seis guardias del Senado, armados hasta los dientes. Creyendo que se trata de una redada de la policía, cosa corriente en La Bolsa Roja, los sospechosos parroquianos dejan sus jarras y huyen hacia la puerta abierta, tratando de escapar. Sogh, el ladrón que te amenazaba, se encamina hacia una sombría galería abovedada.

-Sácame de aquí -suplicas-. Fija tú mismo el precio.

El astuto ladrón sonríe ante la idea de ganar algún dinero con tanta facilidad y tiende su mano.

-Dame tu bolsa y salvaré tu piel.

De mala gana le entregas tu oro y sigues al ladrón por la galería abovedada. Borra las Coronas de Oro o las Lunas que hayas anotado en la sección de Bolsa de tu Carta de Acción.

Pasa al 135.

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