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El lobo maligno, muerto, cae pesadamente al suelo y tu caballo se encabrita, agitando en el aire sus cascos delanteros que golpean como martillos de acero a los restantes jinetes. Más de uno concluye sus días con la impronta de una herradura en el destrozado cráneo. Se abre un hueco entre los atacantes y adviertes que Banedon escapa al galope por allí. El ropón suelto que viste ondea a su espalda como un par de alas azules. Vas tras él y espoleas a tu caballo, huyendo del campo de batalla al tiempo que aparecen más jinetes.
