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Saltas sobre los cuerpos de los Drakkarims muertos y corres a cerrar la brecha en la puerta de poniente. Inspirados por tu heroica acción, los defensores que habían huido se reúnen y erigen una improvisada barricada para tapar el hueco. Cuando el lugar se halla de nuevo seguro, lo abandonas y te diriges hacia los baluartes del norte, de donde te llega el estruendo de la reanudación de la batalla.
