El Caldero del Miedo

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Poco a poco, a medida que vuelves a sentir tus helados miembros y que tu corazón deja de martillear en tu pecho, adviertes que crece dentro de ti la amargura y el resentimiento. Alzas la cara y gritas con rabia, maldiciendo al senador Chil por su manifiesta traición que a punto estuvo de sellar tu destino. Tu voz se alza en la negrura hacia la motita que es el pozo del Caldero, a ciento cincuenta metros de altura. Pero nadie oye tu grito. El Senado está convencido de que has perecido en la caída y ha ordenado que vuelvan a cerrar la boca con la losa. Contemplas impotente el vacío y ves, con desesperación y frustración, cómo acaba por desaparecer incluso aquella motita.

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