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Guyuk es un hombre nervioso e inquieto. Padece toda clase de tics y contracciones y es dado a preocuparse por todo. Su condición ha empeorado recientemente y, a la luz de los acontecimientos del norte, no es difícil entender el porqué.
-¿Qué va a ser de nosotros? ¿En qué parará todo esto? -murmura, retorciendo sus manos regordetas y alzando los ojos a las vigas del techo-. Desde hace dos semanas salen cada día de Tahou camino del sur carros cargados de mujeres y niños. Y, sin embargo, el Senado nos dice que todo va bien, que nos ocupemos de nuestras cosas y que nos desinteresemos de los asuntos de la ciudad. Pues a mí no me engañan. Le aseguro que están ocultándonos lo que sucede y que no voy a quedarme a esperar y a sufrir las consecuencias. Al final de la semana cerraré y me iré y, caballeros, háganme caso, ustedes deberían hacer otro tanto.
En la taberna alguien pide más lovka. Antes de que puedas hacer alguna pregunta a Guyuk, éste toma una botella y se apresura a servir a su sediento cliente.
Si ahora deseas encargar algo de cena, pasa al 88.
Si decides retirarte a tu habitación, pasa al 156.
