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La carretera se retuerce como una serpiente inquieta mientras galopáis directamente hacia las sombrías colinas de Tahou. Los horrendos aullidos de los Lobos Malignos parecen cada vez más cercanos mientras pugnáis desesperadamente porque vuestros caballos cansados se alejen de la maldita horda. A cinco kilómetros del poblado del torreón, os alcanzan los lobos más rápidos cuando corréis por el lecho seco de un arroyo. Sus ojos y zarpas brillan malévolos a la luz de la luna cuando os cierran el paso. Tendréis que deteneros y pelear.
