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Ante ti se abre una enorme estancia. Sus muros están recubiertos de sedas y ricos tapices y su suelo, hundido, rebosa de resplandecientes tesoros. Cuando penetras, agita tus cabellos una brisa perfumada y llenan tus oídos los trinos de pájaros.
Sogh cruza ante un burbujeante estanque de aguas cristalinas y pasa a una antecámara. Aquí, tendido en un lecho de un rojo vivo, se halla el amo de este santuario. Viste un traje extravagante de muchos colores. Su rostro ancho y cuadrangular está enmarcado por un capuchón orlado de una extraña piel purpúrea. Despierta de su sueño y abre unos ojos negros como el azabache.
-¡Sogh! ¿Quién es este hombre? -grita airado-. ¿Por qué le has traído?
El ladrón trata de ofrecer una explicación pero ésta sólo sirve para irritarle aún más.
-¡Sogh, maldito estúpido! -truena-. Sabes que está prohibido traer a extraños al recinto secreto de la cofradía. Debería hacerte azotar por tu torpeza. A juzgar por lo que sabemos, este hombre del norte podría ser un espía o incluso...
Se detiene, contemplándote con temor.
-... un asesino.
Saca una piedra preciosa de su bolsillo y la alza.
-¡Kaud-dul da-nar Li-uk! -jadea. Y una brillante llama verdosa envuelve la brillante gema.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Pantalla Psíquica, pasa al 101.
Si no posees esa destreza, pasa al 64.

