232
El que estaba escondido avanza de mala gana hasta el trecho visible gracias a la luz que penetra por la trampilla ahora abierta. Es un anciano jorobado y vestido de harapos, cabellos grises y ralos y cara arrugada, que muestra todos los rastros de una vida de pobreza. Sus ojos, enturbiados por las cataratas, te contemplan con miedo. Le tomas de sus flacos brazos y le alzas con facilidad porque no pesa más que un niño pequeño. Inquieres su nombre pero no te contesta. Se limita a rebullir por la cabaña, pasando sus manos sarmentosas sobre sus miserables propiedades mientras masculla de un modo incoherente. Se detiene ante la puerta e inclina su cabeza hacia ti.
-¿Os habéis perdido tú y tu amigo de afuera? -pregunta con una vocecilla chillona-. Conozco un atajo para ir a Tahou. ¿Queréis que os lo enseñe?
Si deseas aceptar el ofrecimiento del anciano, pasa al 299.
Si prefieres rechazar su ayuda, dejar la cabaña y continuar; pasa al 123.
