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La celeridad con la que has matado a tu atacante infunde miedo en los perversos corazones de los otros vampiros, que se disponían a acometerte. Lentamente se retiran y sus siluetas grises acaban por confundirse con las sombras de la otra orilla del lago. Estás a punto de abandonar precipitadamente la oquedad por si vuelven con más de su especie cuando reparas en una extraña placa que hay junto al vampiro muerto.
Si deseas examinar la placa, pasa al 43.
Si prefieres ignorarla y abandonar este lugar, pasa al 175.
