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Transcurre un minuto hasta la aparición del que estaba escondido. Es un anciano jorobado y vestido de harapos, caballos grises y ralos y cara arrugada, que muestra todos los rastros de una vida de pobreza. Sus ojos, enturbiados por las cataratas, te contemplan desde el agujero oscuro y polvoriento abierto en el suelo.
-Llévate lo que te plazca, pero te ruego que me perdones la vida -suplica.
-Nada tienes que temer de mí, anciano-. Permíteme que te ayude a salir de ese agujero.
Y al tiempo que lo dices le tomas de sus flacos brazos y le alzas con facilidad porque no pesa más que un niño pequeño. Se acerca al hogar y remueve el caldo con una cuchara de palo que sujeta a una cuerda que le cuelga del cuello. Te ofrece un poco de sus horribles gachas, pero las rechazas cortésmente.
Si tienes una comida en tu mochila y deseas ofrecérsela al anciano, pasa al 271.
Si no tienes una comida o no quieres dársela, prefiriendo abandonar la cabaña y proseguir tu camino, pasa al 123.
