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-Habrá aquí soldados día y noche, dispuestos a subirte cuando decidas abandonar -declara el senador Zilaris mientras te ayuda a montar en la plataforma que te bajará por el pozo-. Bastará con que des tres tirones con fuerza. Esa será la señal.
El senador Chil se presenta para decirte que todo está listo.
-Buena suerte, Lobo Solitario. Confío en estar aquí para recibirte sano y salvo a tu triunfal retorno y que llegarás a considerarme amigo tuyo.
La plataforma se alza y desplaza hasta colocarse sobre la boca. Miras hacia el negro abismo que se abre a tus pies y tu pulso se acelera cuando un viento helado y que huele a podrido asciende por el pozo.
Con un gesto de la mano indicas que estás preparado y comienzan lentamente a bajarte hacia el vacío.
