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Tus rápidas reacciones, junto con tu maestría del Kai, impiden que seas detectado por la patrulla que se acerca. Gracias a tu destreza consigues calmar al caballo asustado al tiempo que ahuyentas a la enorme pero inofensiva serpiente de la sabana, enroscada en una de sus patas delanteras. Minutos más tarde pasan los jinetes sin reparar en vuestra presencia.
