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Cuando la serpiente aérea retrocede para sustraerse a tu ataque, Banedon se adelanta y, abriendo la mano, lanza un rayo. El haz de energía destroza el cuello del animal, segando casi su cabeza mientras se retuerce en el trigal. Secándote el sudor de la frente, das las gracias a tu compañero por la ayuda eficaz que te ha prestado.
