El Caldero del Miedo

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Entre el caos y la confusión abandonas la cervecería por una puerta disimulada en el muro de la galería abovedada. Se abre a un pasadizo que desciende, alumbrado por antorchas empapadas en aceite y sujetas a las paredes de mosaicos. Asalta tu nariz el insoportable hedor de una alcantarilla. Sigues a Sogh por el estrecho reborde que corre junto al albañal, cuidando de no resbalar en las baldosas cubiertas de cieno. Al cabo de unos minutos se detiene junto a una de las chisporroteantes antorchas y oprime su abrazadera herrumbrosa. Oyes un chirrido y toda una parte del muro se abre para revelar una sorprendente visión.

Pasa al 243.

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