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Tu maestría del Kai te alerta de la inmediata proximidad de una trampa. El piso de uno de los escalones es muy delgado y oculta una caja rebosante de ganchos con púas. Si pisases ese peldaño, tu pie se hundiría y quedaría atrapado en los ganchos, incapacitándote con graves heridas. Pasas con cuidado sobre la trampa y prosigues tu bajada.
De repente te ves bañado en una luz blanca que procede de unos orificios en el techo de piedra. Al instante distingues a unos veinte metros el final de la escalera. Al pie hay una puerta entreabierta.
Si posees un espejo, pasa al 237.
Si deseas abrir aún más la puerta y avanzar, pasa al 324.
Si deseas abrir aún más la puerta y dejarte caer al suelo, por si los reptiloides te han preparado una emboscada, pasa al 46.
