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Bajas cautelosamente por la escalera, esperando lo inesperado, dispuesta el arma por si los reptiloides intentan atacarte de improviso. La luz que portas alcanza a los peldaños de piedra negra por donde has de descender y te detienes en seco al reparar en una trampa muy mal disimulada. La salvas con cuidado y prosigues hasta una puerta que hay al final de la escalera. Está entreabierta.
Si posees un espejo, pasa al 237.
Si deseas abrir aún más la puerta y avanzar, pasa al 324.
Si deseas abrir aún más la puerta y dejarte caer al suelo, por si los reptiloides te han preparado una emboscada, pasa al 46.
