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El griterío del vestíbulo, rebosante de gente, apaga el sonido de tus pies, lanzados a la carrera. Los guardianes no te oyen cuando a toda velocidad te acercas a ellos por detrás. Todo lo que perciben es un remolino verdoso cuando pasas agachado por entre sus alabardas cruzadas y desapareces entre la multitud.
