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Silenciosamente, te deslizas de la silla y atisbas lo que sucede al otro lado de la esquina. En el centro de la calle que se extiende más allá, los batidores de una compañía Giak seleccionan el botín conseguido en la aldea. Dos de estos malignos seres cargan lo robado a lomos de un Kraan, un enorme animal de negras alas, mientras los otros llenan sus bolsillos y mochilas con los bienes tan mal ganados. Se complacen en destrozar lo que no pueden llevarse, dejando tras ellos, en las casas que han saqueado, un rastro de suciedad y despojos.
-¡Oka der! -grita su oficial, blandiendo una larga y negra espada de borde dentado-. ¡Akamaza ek!
Sus codiciosos soldados se resisten a obedecer las órdenes, pero cambian pronto de opinión tras recibir algunos golpes de plano con la espada. Murmurando y gruñendo, se deslizan hacia una callejuela lateral y reaparecen unos minutos después a lomos de grandes lobos grises.
-¡Rekenara kluz! -brama el oficial y la jauría parte de la aldea hacia el norte, a lo largo de la orilla del río Churdas.
El Kraan con sus dos jinetes echa a volar pero la bestia se halla tan sobrecargada que no puede alzarse por encima de los tejados. Bate frenéticamente sus correosas alas, desplazándose sin rumbo a unos metros del suelo. Los Giaks la apremian con patadas y puñetazos pero de nada sirve. De repente, se precipita en picado y los Giaks caen de cabeza sobre los guijarros a muy corta distancia de donde te encuentras.
-¡Orgadaka! -gritan al descubriros a Banedon y a ti tras la esquina.
Si tienes un arco y deseas emplearlo, pasa al 12.
Si quieres atacar a los Giaks con un arma manual antes de darles la oportunidad de resistirse, pasa al 285.
Si prefieres eludir el combate tornando a montar en tu caballo y partir al galope fuera de la aldea, pasa al 63.

