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Con brazadas resueltas te remontas entre las negras aguas y llegas jadeante y tosiendo a la superficie. Al principio, la increíble frialdad embotó tus sentidos pero ahora los aviva y te espolea a nadar hasta la lejana orilla que reluce tenuemente en la penumbra.
Dolorido y con los huesos entumecidos, sales del lago y te desplomas sobre la roca llana y esponjosa de la ribera.
Si posees la Disciplina del Magnakai de Adivinación, pasa al 298.
Si no la posees, pasa al 41.
