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Un guardián empuja la puerta del recinto e indica que podéis salir. Os halláis en libertad de entrar en la ciudad, pero se incautan de vuestros caballos. Protestas y exiges que os los devuelvan. Mas nada consigues.
-Órdenes del Senado -declara el comandante sin cumplidos-. Un decreto de excepción. Todas las monturas de la población civil han de ser entregadas en las caballerizas de la guarnición hasta que se levante el estado de emergencia.
De mala gana permites que los guardias se apoderen de vuestros corceles. Cuando se los llevan, el jefe de la guardia entrega a cada uno de vosotros un pedazo de pergamino con una fecha y un número.
-Los recibos -explica con tono visiblemente más cordial.
Guarda tu Recibo (anótalo como Objeto Especial en tu Carta de Acción; en razón de su tamaño no necesitarás prescindir de otro Objeto Especial en el caso de que ya llevases el máximo). Estás a punto de alejarte cuanto te llama para deciros:
-Lo primero que haréis mañana por la mañana será presentaros en la ciudadela. Allí os asignarán vuestros puestos de combate para cuando ataque el enemigo.
