El Caldero del Miedo

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Un grito ahogado parte de la callejuela. Tu flecha ha encontrado su blanco. Segundos más tarde aparece el Giak tambaleándose. Agita rabioso los brazos mientras pugna por arrancarse la saeta clavada muy honda en su espalda. En su desesperación, extrae una daga de su bota y trata de lanzártela. Pero en ese mismo momento hace presa en él una oleada de dolor y el arma cae de su mano al suelo. Tras proferir una última maldición, se desploma sin vida.

Si deseas examinar los cadáveres de los dos Giaks, pasa al 172.

Si prefieres marcharte por el sendero que sale de la aldea, pasa al 63.

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