El Caldero del Miedo

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Los alrededores de la aldea se hallan desiertos. Parece como si los habitantes hubiesen dejado todo cuanto tenían, marchándose precipitadamente. El postigo de una ventana, impulsado por la brisa, se bate una y otra vez y un cartel herrumbroso que pende por unas cadenas del travesaño de un almacén chilla como una rata hambrienta. Estos son los únicos sonidos que percibes mientras avanzas cauteloso por el estrecho muelle pavimentado con guijarros. Cuando llegas a la esquina del almacén detienes en seco a tu caballo. Puedes oír las ásperas voces de soldados Giaks.

Pasa al 120.

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