El Caldero del Miedo

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La luna llena ilumina el cielo sobre Elzian la noche en que comienzas tu viaje a Tahou. Sus pálidos rayos se reflejan en las pulidas horquetas de madera a lo largo de todo el casco del Jinete del Cielo e iluminan la insignia de la estrella de cristal y la bandera sommerlundesa que ondea orgullosa en el palo de mesana. Los ancianos del Consejo Superior se han congregado en la terraza de su recinto. Cuando Banedon y tú remontáis la escala que conduce a la aeronave, te vuelves para decirles adiós. El contramaestre Nolrim, decano de la tripulación de enanos de Banedon, os da la bienvenida a bordo. Al examinar el navío, adviertes que el Jinete del Cielo ha cambiado muy poco desde la última vez que estuviste aquí, cuando navegaste por los solitarios cielos de Vassagonia en busca del Libro del Magnakai. La tripulación recuerda el viaje con satisfacción; se sienten merecidamente orgullosos del papel que desempeñaron en el éxito de aquella peligrosa misión.

-¡Toma el timón, patrón, y pon rumbo a Navasari! -ordena Banedon al tiempo que te conduce a su camarote de proa a través de la bulliciosa cubierta.

Las luces de Elzian desaparecen rápidamente a medida que el Jinete del Cielo cobra velocidad en la noche. A un kilómetro por debajo pasan la jungla de Dessi y las yermas cumbres de los montes Xulun. Pero en la cómoda tibieza del camarote de Banedon no experimentas sensación de movimiento; tan sólo el zumbido del potente motor revela la velocidad a la que viajas. Tras una deliciosa cena de cecina y frutas con especias, Banedon explica la finalidad de tu viaje a Navasari, una ciudad que se encuentra a más de ciento cincuenta kilómetros al sur de Tahou.

-Nuestros enemigos avanzan por Magnamund como un alud, destruyendo todo o arrastrándolo tras de si -dice el mago de rubios cabellos al tiempo que señala un mapa del continente, fijado a un mamparo-. Cada día se libra una nueva batalla y cada día los Señores de la Oscuridad arrebatan una ciudad o un pueblo. Antes de aventurarnos en Tahou hemos de cerciorarnos que la ciudad no ha caído ya en manos de Gnaag para no meternos de cabeza en una trampa. Tengo muchos amigos en Navasari, amigos de fiar, amigos que ocupan posiciones de rango en el Senado de Anari. Por ellos sabremos si la ciudad resiste y, si es así, cuánto tiempo podrá hacer frente al acoso de los Señores de la Oscuridad.

A media mañana del día siguiente el vigía avista Navasari cuando el Jinete del Cielo sobrevuela el puerto de Yajo. Banedon se pone al timón y dirige la nave hacia el barrio oriental de la ciudad, aterrizando en la espaciosa terraza de un edificio en forma estrellada desde donde se domina el río Chah. Aguardan vuestra llegada unos dignatarios de resplandecientes trajes de alto cuello y seda verde y amarilla; son algunos de los amigos de quienes te habló Banedon. Narran entristecidos la infortunada sucesión de acontecimientos sobrevenidos en su país. En el lejano norte la población de Resa fue destruida y muertos sus habitantes por un ejército de Giaks. Dos días más tarde un ejército vassagoniano lanzaba un ataque semejante contra la población de Zila. Penetró por el puerto de Anari, quemando y saqueando cuantas aldeas hallaba, sin dar cuartel a quienes se atrevían a oponer resistencia. Y hacía tres días, en la frontera occidental, se había librado una dura batalla en la localidad sloviana de Lovka por el control del puente sobre el río Churdas. Poco antes de medianoche el grueso de las hordas de Gnaag cayó sobre la sitiada guarnición. Esta luchó con bravura, pero al amanecer del día siguiente todo lo que quedaba de la población y de sus defensores era media hectárea de tierra calcinada y un carro repleto de huesos carbonizados. Los tres ejércitos enemigos avanzaban ahora hacia Tahou. El Jefe del Estado, el Presidente Toltuda, había ordenado la evacuación de la capital de las mujeres y de los niños y había comenzado a reforzar las defensas de la ciudad para aumentar las probabilidades de resistir el inminente asedio. Cuando Banedon menciona tu intención de ir a Tahou, uno de sus amigos recomienda cautela.

-Sería una imprudencia intentar un aterrizaje en la ciudad. En cada tejado y torre han sido instaladas máquinas de guerra en prevención de un ataque aéreo. De ese modo capturaron Suentina los Señores de la Oscuridad y los habitantes de Tahou han aprendido del infortunio de sus vecinos. Rara vez visitan Tahou las aeronaves, lo que torna aún más probable que confundan a vuestro navío con un atacante.

Tras una prolongada deliberación, Banedon y tú decidís dejar el Jinete del Cielo en Navasari y seguir hasta Tahou a caballo. Nolrim se queda a cargo de la nave y de la tripulación con instrucciones de aguardar allí vuestro regreso. Si Tahou fuese sitiada y no hubiera recibido noticias vuestras al cabo de dos semanas, retornaría a Dessi e informaría que tu búsqueda había fracasado.

[ilustración]

A la mañana siguiente, muy temprano, Banedon y tú montáis en blancos corceles anarianos proporcionados por sus amigos y emprendéis un viaje de dos jornadas hasta Tahou. Menos de una hora después de salir de Navasari, ves una larga fila de carros que se acercan. Vienen escoltados por una fuerza de caballería y cada carro se halla repleto de mujeres y niños.

Si quieres detenerte e interrogar a esas personas, pasa al 126.

Si prefieres seguir adelante sin perder un minuto, pasa al 274.

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