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El estofado sabe tan bien como huele y los dos dais buena cuenta de él. Los monjes sonríen y aprueban con movimientos de cabeza.
-Venid, el deán desea veros antes de que os retiréis -dice uno de ellos, indicándoos que les sigáis al salir del refectorio.
La habitación del deán es una pieza abovedada y hexagonal, de cuyas paredes cuelgan tapices que representan extrañas y grotescas criaturas. Sobre el suelo cubierto de ricas alfombras se alzan numerosas columnas que sostienen grandes copas llenas hasta el borde de un líquido plateado. El tapiz de la pared del fondo se mueve ligeramente. Unos segundos después se descorre y aparece la figura de un anciano que viste túnica con capucha.
-¿Habéis comido? -pregunta con voz extrañamente fría y monótona.
-Sí, maestro -responden los monjes al unísono.
-Bien -dice el deán acercándose-. Dejadnos solos.
Los monjes se van, cerrando la puerta tras ellos. Gradualmente, la luz de la cámara disminuye de intensidad.
Si posees la Disciplina del Magnakai de la Adivinación, pasa al 343.
Si no posees esta habilidad, pasa al 190.
